Wong Kar Wai es probablemente uno de los mejores directores vivos. Chunking
Express y Happy Together son indudablemente obra maestras, In the mood for
love era ya un exceso, pero un exceso delicioso para quien quería soportarlo.
Los personajes eran construidos delicadamente, la melancolía se apoderaba del
todo armando una conmovedra reflexión sobre la memoria y el desamor. Es verdad
que quien no cayera seducido podría terminar empalagado por las múltiples
secuencias de los paseos bajo la música de Nat King Cole, pero era un riesgo
que había que correr. Un postre exquisito muy probablemente tiene que ser extremo,
y muy probablemente no lo sea para todos los paladares. En el caso de 2046 no me
cabe duda que la barra se corrió demasiado, tanto que yo, un fan declarado,
no pude soportarlo. Aquí muy pronto todo dejó de importarme. Me dormí en
varias secuencias, cosa que no importó, ya nunca me perdí en la historia:
no había ninguna. Mentiras, si hubo una, en la mitad de la película se
desarrolla un romance entre los personajes que representan Tony Leung y Zhang Ziyi.
Los dos son fantásticos actores, y se montan una coquetría, distante y a la vez
muy sexual, que hace que el público vuelva de sus ensoñaciones para quedar fascinado por la pantalla.
Pero es como un cuento, un momento. En el que se revela a Tony Leung representando
un tipo frio que no parece compartir nada con el protagonista de In the mood for love.
Ni siquiera por un gran desengaño parece posible que ese tipo se convirtiera en este otro.
Se supone que ésta es una segunda parte, pero estoy tentado a pensar que no lo es, es otra cosa.
La película se mueve en dos planos, la vida del escritor-periodista representado por
Leung y una historia del futuro que está escribiendo, en la que se repite una y otra vez
que en un lugar llamado 2046 uno encuentra sus recuerdos perdidos. Las imágenes del futuro
son ya son el colmo de la melcocha, y quien las soporte sin duda amará la película
(no deja de ser sospechosa la omnipresencia del signo LG). Toda la sutileza con que
se trataba el tema de la memoria al final de In the mood for love se pierde aquí del todo.
Son miles las historias sobre las dificultades y complicaciones del rodaje
y de la edición de la pelicula. El éxito de la película anterior fue tal que
para esta tenía casi total libertad y muy buena financiación. Wong Kar Wai se volvió loco,
se pasó tanto tiempo en rodaje que tuvo que contratar varios directores de fotografía,
refilmar varias de las escenas, y todos los que tenían que ver con la película lo querían
ahorcar. Y sin embargo, cuando los entrevistan, todos dicen estar dispuestos a volver a
trabajar con él. En 2046 uno puede ver mucho de su genio: nadie filma hoy un romance como él,
pocos hacen plano contra plano de una manera menos evidente pero sin que uno pierda la tensión
que existe entre los personajes, y practicamente ninguno tiene su sentido musical de la imagen,
pero aquí está claro que el director en un momento se perdió y que por mucho que lo intentó no
consiguió encontrarse de nuevo.